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Buenos hábitos de limpieza, organización y constancia

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Buenos hábitos de limpieza, organización y constancia

No todos somos iguales con respecto a las labores de limpieza, y además los tiempos han cambiado, ya no existe la figura clásica de la mujer que se encarga solo de la casa, ahora todos debemos de tener unos buenos hábitos de limpieza, en este artículo vamos a mostrar algunas buenas prácticas.

A grandes rasgos, vamos a hablar de dos grandes características a tener en cuenta a la hora de afrontar nuestra limpieza, organización y constancia.

 

La organización en la limpieza

Es importante organizarse bien a la hora de mantener una limpieza continua, ya sea limpieza del hogar, limpieza de oficinas, etc..

La limpieza es algo que hay que ir llevando poco a poco, y no a lo loco. Debemos organizar la limpieza por sectores o habitaciones, haciendo más hincapié en zonas que puedan tender a ensuciarse y más y por lo tanto necesitar más limpieza como pueden ser los baños o la cocina.

No hay que esperar a que todo esté sucio para limpiar todo a la vez, podemos afrontar la limpieza como un “hoy limpio esto y mañana esto otro”.

Además, hay que encargarse de una limpieza más superficial habitualmente, y cada cierto tiempo hacer una limpieza exhaustiva, ya que si no, necesitaríamos mucho tiempo para la limpieza.

 

La constancia en la limpieza

Indirectamente ya hemos hablado de la constancia en el apartado anterior, ahora vamos a hacer un poco más de hincapié en el día a día de la limpieza.

Todos los días debemos de dedicar cierto tiempo a la limpieza de nuestro hogar o empresa, de esta forma, la suciedad no se acumulará ni tendremos que hacer una limpieza total en un momento determinado.

Siempre hay que tener en cuenta, que la suciedad, generalmente, cuanto más tiempo para sin recibir limpieza, después cuesta más eliminar.

Ver algunas razones para la limpieza del hogar

Para llevar la constancia a “rajatabla”, debemos aprovechar los momentos diarios de limpieza u orden, como puede ser, cuando fregamos los platos, dedicarle seguidamente un poco más de tiempo para hacer una limpieza de la cocina. O por ejemplo, cuando vamos a ducharnos, aprovechar para realizar una limpieza del baño.

Estos dos ejemplos son muy válidos ya que, son dos acciones que realizamos diariamente, y que justamente se realizan en las dos estancias donde más suciedad se acumula y por lo tanto se antoja más necesaria una limpieza constante.

Combinando estos dos apartados anteriores, seguramente podremos mejorar la limpieza en nuestro hogar o la limpieza de nuestra oficina, provocando así beneficios como una mejor imagen, un ambiente más limpio, más higiene, y sobre todo una satisfacción mayor.

Si conseguimos incorporar estos dos hábitos a nuestra vida cotidiana, la limpieza nunca más volverá a ser un problema ni un quebradero de cabeza.

 

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